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septiembre 29, 2021

EL AJEDRECISTA OCCIDENTAL VS. EL AJEDRECISTA ORIENTAL

 


La Unión Soviética fue por muchos años (quizá desde 1950 al 1991) la verdadera potencia inigualable del ajedrez, (como Rusia años posteriores) productora de Grandes Maestros, Maestros Internacionales y jugadores amateur de notable fuerza. Por supuesto naciones que conformaban este bloque geopolítico de países como Yugoslavia, Armenia, Hungría o letonia poseían quizá una genética o historia social más antigua dentro de la problemática competitiva de la disciplina de Caissa y siempre demostraron producir buenos atletas del ajedrez.

Un tema en el que poco han sondeado los investigadores, no se habla ni se discute mucho es el de los niveles del ajedrez de acuerdo al ambiente social o geográfico y como han influido ciertos factores formativos y culturales (más que genéticos) en la proliferación de grandes maestros del ajedrez en regiones específicas del planeta, llegando a conformar lo que se conoce como las “escuelas duras del ajedrez” o guerra fría del occidente contra el oriente.

Pero ¿Qué hay detrás de todo poder ser, tanto en el plano social o individual del ser humano, más específicamente en el tema que nos acoge de una disciplina que se ha querido hacer ver como elitista, bohemia o bucólica en  donde sus cultores son tratados a veces como locos, vagos sociales o como genios o superdotados de la inteligencia?

Nuestra tarea en este ensayo sería establecer argumentos científicos, experimentales y de experiencia sobre los factores que formulan o construyen el nivel de juego del ajedrecista, dentro del entorno geopolítico-social y hasta bajo los efectos de los cambios geográficos y ambientales que rodea a esos practicantes.

Ya en sus tiempos el afamado Gran Maestro, filósofo, matemático, científico y campeón del mundo Emmanuel Lasker sostenía que nadie podía progresar en el ajedrez sino estaba sujeto a una metodología de preparación, a un plan de vida o a exigencias personales de enfoque. “El método es siempre lo más importante” refería Lasker, bueno malo o insuficiente siempre, que tengamos un método estaremos garantizando algún tipo de progreso. Por supuesto para la época en que Lasker fue Campeón del mundo a la época en que Botvinnik estableció los preceptos y métodos de la escuela soviética del ajedrez había transcurrido ya cierto tiempo modelador.


GM José Raúl Capablanca el más preclaro de los occidentales

En  ese lapso intermedio de épocas, el célebre jugador latinoamericano José Raúl Capablanca había dejado una huella imborrable en la metodología de la partida viva, acoplando a ella su concepción sobre la idea simplificadora del juego y de la eliminación de lo accesorio en la partida. Lastimosamente sólo hubo un Capablanca en estas regiones.

Ya Lasker también había hecho una premonición de esta forma de juego  y refería que entre un Gran Maestro del ajedrez y un jugador bisoño no había diferencias bioformativas y que sólo se diferenciaban sus acciones y decisiones en que mientras el jugador de escaso nivel, quiere verlo todo, hacerlo todo, el jugador de gran maestría eliminaba lo accesorio de las posiciones para realizar lo justo que la situación le requería. Posteriormente la escuela soviética siguió los pasos procedimentales del jugador José Raúl Capablanca otorgándole a su escuela (principalmente la rusa) un método genuino de acción y técnica ajedrecista.

Pero: ¿En qué pensamos distinto los occidentales de los orientales?

(Quiero primero establecer un parámetro entre eso que llamamos occidental y oriental en el plano geográfico de la competencia ajedrecista)

Las escuelas occidentales del ajedrez podríamos circunscribirlas teniendo a la cabeza a los Estados Unidos de Norteamérica, a los países europeos, a los no asiáticos y quizá al bloque de países “tercer mundistas de Latinoamérica”. Mientras las escuelas orientales serían la escuela rusa, la escuela china del ajedrez y quizá la escuela India.

Indudablemente al hablar actualmente de estas 3 últimas escuelas (rusa, china e india)  estaríamos hablando de países con notable extracción étnica oriental, en las cuales se estarían denotando ciertos factores geopolíticos y geográficos distintos al mundo occidental. Veamos.

"Algunos experimentos de base científica establecen que la cultura y la educación influyen en la toma de decisiones y en la percepción de la realidad de cada persona. Entonces, un occidental y un asiático no ven el mundo de la misma forma, no de la misma manera". (cita: Lavanguardia)

En medio del pánico general que generó la ruptura del reactor nuclear en Fukushima, y tras la falta de comunicación por telecomunicación satelital y celulares, la única manera de contactar con alguien era encontrar una cabina telefónica que funcionase. Las largas colas de personas eran habituales, las personas ansiosas por hablar con sus seres queridos desde un teléfono público se rendían y aceptaban este sacrificio. Todos deseaban levantar el teléfono público para tranquilizar a sus familiares. Pero por asombroso que pudiera parecer, y sin represión de ningún tipo: cada japonés se limitaba a hacer solo una corta llamada, después de lo cual volvía, de forma ordenada y respetuosa, a ponerse en lo último de la cola, permitiendo, en nombre del bien común y del civismo, que todos pudiesen aprovechar el teléfono por lo menos una vez. ¿Habría que preguntarse si esto hubiera sido el mismo comportamiento ejemplo en una sociedad occidental o latinoamericana?

Me ha parecido muy interesante este ejemplo, pues siempre se ha hablado de la conducta ética casi religiosa que existe en naciones como Japón, China, Rusia, etc y al hacer una extrapolación de este comportamiento al ajedrez, sería de notorio valor inferir que a las sociedades occidentales le ha faltado ese grado de moralidad socialista, cívica y humana para establecer patrones o metodologías específicas para la práctica del ajedrez.

El determinismo biológico falla también en estas conjeturas sobre el nivel de juego en el ajedrez y sobre el manejo de una cultura ajedrecística adecuada.

Kimio Kase, profesor del Iese, es japonés y lleva 38 años en España. “He tenido oportunidad de contrastar las maneras de pensar entre los dos mundos y creo que somos muy distintos”, opina. Kase acaba de publicar un libro muy intrigante: Asian versus western management thinking (Palgrave Macmillan) , en el que se analizan las principales diferencias entre el estilo de gestión y el liderazgo en las empresas orientales y occidentales. 

Escribió el libro junto a Alesia Slocum, profesora estadounidense de la Saint Louis University, y pudo comprobar como ya antes de empezar a escribir, sus enfoques eran opuestos. El empezó a centrarse en los temarios, ella insistía en definir qué articulación iba a tener discurso y el mensaje. “Los occidentales siempre necesitan agarrarse a un marco general de referencia y, como un paso siguiente, desarrollan los detalles. 

Para los orientales, en cambio, los detalles son importantes y a partir de ahí se va construyendo, de forma sucesiva, la estructura, que surge después. Como forma mental, los asiáticos van siempre del particular hasta el genérico, mientras que los europeos o los estadounidenses siempre tienen un esquema en la cabeza y luego se van fijando, en un segundo momento, en los elementos secundarios”. (tomado del diario LaVangardia-En Familia)

Para el ajedrecista occidental el valor general de la partida tiene mucho valor, es decir siempre piensa primero en el resultado, más que en los detalles que le pueden sumar ese resultado. Mientras tanto el ajedrecista oriental se fija más en los detalles conformadores del entorno para establecer luego un concepto general del todo observado.

Esta forma de percibir en el ajedrez es más notoria y productiva y los diferentes laboratorios efectuados con ajedrecistas de alto rendimiento denotan que ciertas parcelas de las posiciones acondicionan las acciones y decisiones de eso jugadores y permiten la solución a problemas que pudieran parecer de imposible o difícil solución.

En realidad no existe un cerebro oriental, ni uno occidental y por ejemplo los niños chinos adoptados y educados en sociedades occidentales aprenden a percibir y a tomar decisiones exactamente igual que los niños oriundos de esos entornos geográficos. Los genes, en este sentido, no demarcan ninguna diferencia neuronal. Los experimentos científicos recientes detectan la existencia de algunas reglas de comportamientos basados en típicos modelos caracterizadores de la conducta tanto en individuos asiáticos como en los occidentales, que tienen su origen en factores culturales y sociales.

Takahiko Masuda, profesor de la Universidad de Alberta en Canadá ha realizado numerosos experimentos en el ámbito de la percepción. Y subraya que -fisiológicamente todos somos iguales– Por ejemplo: pidió a grupos de occidentales y orientales que se sometieran a un experimento. Debían fijarse en la expresión del sujeto que estaba situado en primer plano de una fotografía. Pues bien, se pudo comprobar como los asiáticos dedicaban más tiempo a examinar las figuras del fondo que los norteamericanos. Esto demostraría que, en Occidente, cuando los individuos tratan de ver lo que siente esta persona, se centran en la expresión facial del sujeto principal, mientras que los orientales están más pendientes de lo que siente cada uno en el grupo. En este sentido, los asiáticos perciben a la gente en términos de relación con los demás y las expresiones faciales de la gente alrededor son una fuente de información para entender la emoción particular, que se considera inseparable de los sentimientos de los otros.

Llevando esto al ajedrez los orientales poseen la mejor capacidad para reconocer conceptos, preceptos e incluso manejar su campo volitivo y neurosensorial que los grupos de ajedrecistas occidentales. Por ello pueden tomar decisiones basados en la lógica, en la intuición y en lo abstracto de lo creativo, sin menoscabo del campo del análisis concreto; los ajedrecistas occidentales confían mayormente y a ultranza en el cálculo concreto. Por supuesto siempre habrá “La excepción que confirma la regla” peor dentro de un plano estadístico esto es una referencia científica comprobable.

Los ajedrecistas orientales expresan sus grados y motivos de jerarquización de diferente manera a los occidentales, de allí que los primeros no le aporten demasiado importancia al valor absoluto de las piezas y si a su valor relativo, factor este esencial en el entendimiento de la compensación dentro de la partida viva.

Amadeo Jensana, director de Economía y Empresa de Casa Asia, cree que la cultura es un valor prevaleciente: “Para empezar, en occidente existe un alfabeto. Son letras precisas. Son símbolos concretos. En cambio, en oriente, los ideogramas son más bien asociación de ideas. Por ejemplo, el periódico en japonés no existe como tal sino que es una noticia nueva. Para los orientales, todo está interrelacionado. En cambio, prevalece en occidente una cierta cultura del ego, es una sociedad más individualista en muchos aspectos: la religión es monoteísta, la salvación es personal. En Asia el individuo no es el eje central: la sociedad es mucho más jerarquizada. Hay más culto a la obediencia y todo lo referente al colectivo es más importante”


Gary Kasparov el más talentoso representante del ajedrez oriental, proveniente de Bakú, en Azerbaiyan

La concepción occidental del mundo retoma las emociones como las expresiones más sublimes de uno  y  por lo tanto su auto control es supra necesario (no sólo porque sea, para ellos, una señal de poca sinceridad, sino porque puede afectar a la salud). Lo que se ve en la cara es seña central de la expresividad, de la debilidad y de las dolencias. Los orientales, en cambio, creen que las emociones son el fruto de sus distintas relaciones. Para ellos no son el reflejo de cada uno individualmente, sino que no se pueden separar de las emociones del grupo, sea familiar o social. "En este sentido, expresar demasiado una emoción sería hasta negativo, pues se considera más apropiado adaptar la expresividad a la del grupo".

Los ajedrecistas occidentales temen mucho fallar, los ajedrecistas orientales pueden fallar pero no lo dan a demostrar.

También se ha tratado este tema desde el ámbito de lo ambiental y climático, refiriendo que los factores estacionarios o deslizantes o cambiantes de la naturaleza influyen en la capacidad y el desarrollo de destrezas tanto en la instrucción como en el entendimiento de los ajedrecistas occidentales u orientales. No es lo mismo vivir en un país de clima templado como Venezuela, que habitar en un país como Rusia donde sus habitantes puede que pasen largos períodos de encierro asediados por inviernos inclementes y dónde necesiten de alguna u otra manera emplazarse en tareas lúdicas de esparcimiento.

Aunque esto sea quizá, una excusa poco científica y si más costumbrista, indudablemente existe en ello un valor esencial y es la consecuencia y la práctica continua y sin estorbos de una disciplina, establecida sobre patrones de tiempo reconocibles.

El valor del Entrenamiento planificado.

El desarrollo y establecimiento de destrezas en el ajedrez como en todos los deportes exige un método, como ya se había sugerido. Pero este método no puede ser huérfano de dialéctica científica y menos en estas épocas cuando las ciencias estadísticas, la tecnología y la preparación académica humana redundan y retumban dentro de las disciplinas deportivas de máxima exigencia o de alto rendimiento.

En este sentido y desde 1950 para este entonces, las escuelas de mayor empuje dentro del ajedrez han reconocido la necesidad de una práctica y preparación integral del ajedrecista, tanto física, como psicológica, en contraste con el bohemio jugador de mediados del siglo 19 hasta muy avanzado el siglo 20.

La colaboración principal de los máximos cultores del ajedrez se recibe actualmente de profesionales del entrenamiento en la disciplina del ajedrez y esto marca una diferencia para con aquellos que aprenden de manera auto didáctica y de aquellos que reciben instrucciones de personas sin preparación técnica, pedagógica o didáctica. Aunque es un error grosero pensar que un Gran Maestro este obligado o sea por antonomasia el mejor entrenador, cualquier maestro o profesor de ajedrez deberá poseer las herramientas necesarias para impartir clases de ajedrez a cualquier aprehensor y sobre todo tener la capacidad de sembrarle una base sólida de instrucción que pueda soportar el gran edificio posterior de la comprensión ajedrecista.

La improvisación y la actuación de pseudo entrenadores, en la mayoría de los casos y la ausencia de una planificación en la formación de ajedrecistas, es lo que principalmente no permite que muchos alcancen superaciones continuas y sólidas dentro de la disciplina de los escaques. Con detalles tan promiscuos como podrían ser hasta el desconocimiento de los rudimentos reglamentarios del juego.

Esta es otra gran diferencia entre los patrones de conducta de los jugadores orientales y los jugadores occidentales y probablemente sea el peso más relevante que tienen que sobrellevar los segundos cuando enfrentan a jugadores metodológicamente mejor formados. Siempre hemos dicho que no es lo mismo Instrucción ajedrecista que entrenamiento ajedrecista. La primera es la visión de otorgar herramientas a los aprehensores la segunda la enseñanza de saber cómo utilizar esas herramientas.

Las escuelas occidentales del ajedrez (si es que existen como tal) siempre han asumido el ajedrez como un lúdico, es decir como un simple juego. Mientras la cultura soviética lo asimilo como un arma, símbolo y propósito de estado. Acá en Venezuela desde el año 2005 un decreto presidencial del Comandante Hugo Chávez estima la impartición "obligatoria" del ajedrez en escuelas públicas y privadas pero el lema de este proyecto impera: "El ajedrez en las escuelas no tiene como objetivo la creación de grandes maestros del ajedrez, sino que tiene como propuesta principal utilizar al ajedrez como herramienta para el desarrollo de capacidades cognitivas, intelectuales y psicológicas de los niños"

Mientras tanto en países como Armenia, hace ya unos 8 años, la introducción obligatoria del ajedrez en el ámbito escolar tiene una sola visón principal: "La creación de Grandes Maestros del Ajedrez" y pensamos que esta visión es la correcta, pues el ajedrez no puede otorgar nada al ser humano si no se le conoce y se le practica a plenitud.

Por otra parte en el mundo occidental las edades de exposición a los niños en el mundo del ajedrez comienzan "folklóricamente" a edades muy tempranas -el citado proyecto nacional de Venezuela lo enmarcan en edades de !0 a 6 años!-Indudablemente se parte de la idea equivocada y poco demostrada científicamente que mientras más temprano comience un niño a practicar el ajedrez mejores, mayores y más tempranos éxitos tendrá en la disciplina. Lo cierto es que las estadísticas señalan que mientras más tarde comienzan los ajedrecistas, mejores y más prontos lauros alcanzan en el juego de los reyes. Y esto está sujeto a ciertos valores y herramientas psicosomáticas del desarrollo de edades tempranas, como por ejemplo el recurso de reversibilidad del pensamiento. citado en muchas ocasiones por Piaget.

Los laboratorios han demostrado que las edades idóneas para comenzar la práctica del ajedrez se encuentra entre los 9 y 12 años de edad. Tal y como señala un famoso estudio realizado en la propia  República Bolivariana de Venezuela entre los años 1987 y 1989, promulgado por el Ministerio de la Inteligencia en aquellos tiempos .

En eso las escuelas orientales están mucho más avanzadas que las del bloque occidental. Fijémonos que naciones como Cuba han sistematizado sus propiedades ajedrecísticas y por ello han obtenido mayor cantidad de titulados y nivel ajedrecístico que los países del área caribeña y latina. Incluso su cultura lúdica ha sido presionada por los bloqueos económicos, las presiones políticas y una estirpe “transgeneracional” dada hacia el mestizaje geográfico. No olvidemos tampoco aquellas crónicas que nos dicen que el gran jugador norteamericano Robert J. Fischer tuvo que aprender ruso para poder asimilar los tediosos libros de ajedrez de la escuela a la cual vencería posteriormente.


"Bobby" Fisher un punto medio entre el pensamiento ajedrecístico oriental y el occidental

Para finalizar el Campeón Mundial de ajedrez actual, a pesar de pertenecer a un país de la Europa septentrional, cuyo valor como sede del ajedrez hace no mucho era cero (por supuesto una nación que por determinismos geográficos y ambientales prefirió los juegos invernales como su fuerte) ha recibido la influencia y adiestramiento de instructores y entrenadores formados por los preceptos soviéticos, rusos u orientales. Magnus Carlsen además ha recibido quizá, el soporte económico y de promoción empresarial más poderoso de toda la historia del ajedrez.

 

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